6 de abril de 2009

Eneas Silvio Piccolomini. Papa Pío II

El papa Pío II, nacido Eneas Silvio Piccolomini en el año 1405, en la pequeña aldea de Corsignano, y fallecido en Ancona en 1464; fue de entre los papas de su tiempo un gran humanista. Estudió en Siena y fue amigo de grandes poetas, y un ferviente admirador de todo lo relacionado con el mundo clásico grecolatino. Conocía a la perfección la lengua latina y eso, entre muchos otros conocimientos, hizo que sirviese a cardenales; a duques soberanos; a papas; a antipapas; y al emperador. Participó en el Concilio de Basilea, convencido de que la posiciones conciliares eran las correctas. Viajó muchísimo al servicio de unos y otros: Suiza, Alemania, los Países Bajos, Escocia, e incluso llegó hasta el norte de África gracias a una tormenta que desvío el barco en el que navegaba rumbo a Génova. Fue secretario del antipapa Félix V, que le hizo canónigo de la catedral de Trento. También trabajó como secretario en la cancillería imperial a las órdenes del emperador Federico III, viajando a la península ibérica para negociar el matrimonio de su señor con la infanta Leonor de Portugal. Su carrera fue meteórica cuando su amigo y compañero de estudios, Tomás Parentucelli fue elegido papa Nicolás V, que lo nombró obispo de Trieste y poco después arzobispo de Siena. El papa valenciano Calixto III, de la injustamente vilipendiada familia Borja (Borgia); le nombró cardenal presbítero de Santa Sabina, seguramente por el fervor antiturco que ambos compartían.


Imagen: Escudo de armas del cardenal Piccolomini. Insignia pontificum Romanorum et cardinalium II. Insignia ab Urbano VI ad Robertum de Nobilibus cardinalem - BSB (Bayerische Staats Bibliothek) Cod.icon. 267. Italia 1540

Cuando falleció el papa Borja, Eneas Silvio Piccolomini fue escogido por el cónclave cardenalicio en 1458 como papa Pío II, seguramente sorprendiendo a muchos. Su actividad como cabeza de la iglesia católica, se basó en reforzar, curiosamente, la autoridad pontificia frente a los concilios a los que antes apoyó abiertamente. Es extensa su correspondencia y su obra escrita, que ha perdurado hasta nuestros días.

Si he redactado esta tediosa e imcompletísima biografía del Piccolomini; es entre otras cosas, porque es un personaje de la historia que siempre me resultó interesante, y también para comentar que los vinos de Austria son francamente buenos, lo cual no debió de pasarle desapercibido a Eneas Silvio Piccolomini, ya que mientras estaba al servicio del emperador Federico III de Habsburgo, escribió:

“El archiducado de Austria sobre y bajo el Enns proporciona vino a bávaros, bohemios, moravos y silesianos: de ahí la gran riqueza de los austriacos. Hacen durar la vendimia unos cuarenta días, y dos o tres veces al día entran en Viena desde los suburbios trescientos carruajes colmados de vino, y en las labores de la vendimia se emplean diariamente mil doscientos caballos, o quizá más. Abrir un despacho de vino en la propia casa no empaña en absoluto el prestigio; muchos ciudadanos mantienen taberna, calientan el local y hacen magnífica cocina…”


Imagen: Escudo de armas del Papa Pío II. Insignia pontificum Romanorum et cardinalium II. Insignia ab Urbano VI ad Robertum de Nobilibus cardinalem - BSB (Bayerische Staats Bibliothek) Cod.icon. 267. Italia 1540

Al parecer, y como todos los grandes personajes de aquellos años, Eneas Silvio Piccolomini, antes y después de ser papa, fue un gran amante de lo mundanal, apreciaba el buen vino, por lo que leemos más arriba; así como la comida y las mujeres, sobre las cuales escribió:

“He conocido y amado muchas mujeres […], pero en cuanto las conseguía me causaban gran fastidio. Tampoco si tuviera que casarme, me juntaría con una mujer cuyo trato no conociera.”

No obstante tuvo por lo menos dos hijos conocidos, pero eso fue antes de entrar en religión, aunque seguramente tuvo alguno más.

Ejerció el nepotismo, como todos los papas de su época, favoreciendo a sus familiares y allegados, así como engrandeciendo y embelleciendo su pueblo natal, al que elevó a sede episcopal y le cambió el nombre, llamándolo Pienza, en honor al nombre que había elegido para gobernar la nave de san Pedro: Pío. Actualmente Corsignano conserva el nombre con la que la rebautizó su benefactor y protector.

3 comentarios:

Jerukiti dijo...

Vaja tostón tu!!!! Jajajaja!! Però ha estat interessant, que conste!!! xDD També és possible que m'haja paregut per les hores que són i que em muic de son...:P La veritat és que solament per vore com li va quedar l'escut d'armes ja valia la pena fer-se Papa tu xDDDD

Dissortat dijo...

No és tan tostó, crec. I sí, l'escut, si l'amplies, es veu amb tot el seu esplendor...

Anónimo dijo...

Una biografía, si ello puede llamarse, que justifica los desafueros de los jerarcas religiosos.Tuvo hijos, fu mundano, fue de todo, porque esa era la época.