28 de julio de 2015

"Sin novedad en el frente". Erich Maria Remarque.


101 años del inicio de la I Guerra Mundial.

Miro mis botas. Son grandes y bastas, me sujetan los pantalones que están metidos dentro formando bolsa; cuando estamos derechos tenemos un aspecto fuerte y robusto, vestidos con estos anchísimos tubos. Pero cuando nos desnudamos para bañarnos podemos contemplar realmente nuestras delgadas piernas y estrechas espaldas. Entonces no somos ya soldados sino casi unos chiquillos que parecen incapaces de llevar una mochila. Es un instante extraño este de vernos desnudos; somos entonces personas civiles y nos sentimos como tales.

Fotografía escogida al azar de mi colección particular de soldados alemanes,
 que muy bien podría tratarse de Kemmerich o de cualquier otro de los militares nombrados en la novela.

A Franz Kemmerich, en el baño, se le veía pequeño y delgado como un niño. Ahora está tendido aquí. ¿Por qué? Sería preciso traer al mundo entero ante esa cama y decirle:
         -Este es Franz Kemmerich, de diecinueve años. No quiere morir. ¡No permitáis que muera!

7 comentarios:

Manuel López Paz dijo...

En las guerra, siempre hay perdedores...

Saludos

Laura T. Marcel dijo...

Les guerres no haurien d'existir però l'ésser humà és tan imperfecte que no ho aprèn i passen coses d'aquestes i pitjors en les mil i una batalles que conformen la nostra història.
Em va agradar molt aquest llibre quan el vaig llegir, fa molts i molts anys.

Cayetano Gea dijo...

Los que mueren en las guerras siempre son los mismos: gente corriente que no las provocó.
Un saludo.

Mari-Pi-R dijo...

Triste historia y a la vez preciosa por las palabras.
Un abrazo.

desdelaterraza-viajaralahistoria dijo...

Como ya se ha dicho, y más que se hará aún, no diré que las guerras son horribles, que lo son, sino lo dicho por Herodoto, que viene al pelo, dada la juventud de Franz Kemmerich, sobre lo contra natura que son pues en la paz son los hijos los que entierran a los padres, pero en la guerra son los padres los que entierran a sus hijos.
Un saludo.

Carmen Cascón dijo...

Héroes uniformados; chiquillos desnudos. Las circunstancias bélicas han llevado al campo de batalla a miles de hombres que, en su sano juicio y sin la obligatoriedad social y política de defensa o ataque, se hubieran quedado en sus casas estudiando o trabajando.
Un saludo

Igor Kutuzov dijo...

¿Cómo? Una de mis primeras lecturas impactantes. La verdad de la guerra al desnudo. ¿Por qué estaría en una colección de novela juvenil? Un gran libro, se mire por donde se mire.
Salut, Dissortat.