28 de mayo de 2009

Los ocho símbolos del buen augurio (8) y último...

EL VASO DEL TESORO


La forma del recipiente es como la que usan en la India, de arcilla y cuya finalidad es la de contener agua.

En el budismo tibetano, el Vaso del Tesoro tiene una forma diferente. Es como un jarrón. Normalmente es un recipiente redondo, con el cuello corto y estrecho y que se alarga de nuevo.

Suele estar muy decorado con pétalos de loto y una joya está en la tapa del jarrón, para indicar que se trata de una jarra de riqueza.

El pañuelo que lo envuelve es de seda, que supuestamente viene del reino de los dioses. En algunos casos, la parte superior acaba en un árbol que satisface los deseos, pues se cree que las raíces se alimentan con el agua de la longevidad y de esa forma puede para crear todos los tesoros.

En muchas culturas existe la idea de un vaso inagotable. En el budismo, eso representa el espíritu interminable de Buda, la longevidad y la prosperidad.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Almacenemos en ese vaso un poco de fe por la vida.Echemos un poco de cascarrilla -símbolo de buen augurio en la cultura afrocubana- y digamos !salud!, lo demás vendrá después. YGG

Dissortat dijo...

Pongamos pues cascarrilla y animémonos. Salud!!!
(Por cierto, he de buscar lo que es la cascarrilla, que mi cultura afrocubana, desafortunadamente, es nula)
Hasta pronto, amigo

García Ginarte dijo...

Realmente, sabes oigo la frase “con un poco de cascarilla” o “tirale cascarilla”... viene siendo como un polvo especial que recomienda “alguien”(bacalao, santo o cualquier otro sacerdote de esa religión) y que contiene generalmente cáscara de huevo molida con cualquier otra sustancia polvorienta puede ser canela...en dependencia de los deseos de quien la utilice. Esta es una aproximación un poco naif porque no conozco el tema a profundidad como tampoco soy seguidor de ese tipo de creencia popular. Aché para ti.

Dissortat dijo...

Todo esto es muy interesante. Supongo que se usará para conseguir algún deseo difícil de convertir en realidad... ¡Cuántas cosas no podremos conocer en esta corta vida!